miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mitos y realidades, segunda parte. Los chinos son ateos.

Esta sencilla frase, los chinos son ateos, (tan sencilla que si se emplea el tiempo que he empleado yo rastreándola en Internet, terminas por repetirla en tu mente sin cesar como un mantra) enmascara uno de los grandes mitos acerca de China que aún viven y se alimentan en nuestro inconsciente colectivo. Digo enmascara porque así a primera vista parece una afirmación con más sentido común que otras del tipo de “los chinos echan los cadáveres a la olla”, como comentaba hace tiempo. Es más, se trata de una de las verdades más antiguas que atesoramos acerca de China, junto con que es un país enorme, pobladísimo y que está muy lejos. El hecho de que lleve tanto tiempo acompañándonos no ha de cegarnos, decir que los chinos son ateos es como decir que China es un país comunista; es una verdad a medias, o mejor, un juicio demasiado superficial acerca de una realidad sumamente compleja.

Parece lógico deducir que si los chinos son ateos (RAE: que niegan la existencia de dios: etimología: sin dios), carecen asimismo de religiones. Ahora bien, algo conocemos sobre las religiones en China. Taoísmo, budismo, islamismo, cristianismo y protestantismo son las religiones mayoritarias que se practican en la China actual. El problema que yo veo aquí es conceptual. Muchas personas no considerarían al taoísmo como una religión, ciñiéndose estrictamente a lo que nosotros como herederos de la tradición católica entendemos por religión. El taoísmo nació definitivamente como filosofía (igual que el confucianismo, base del sistema moral chino que dio lugar a los elaborados rituales que han regido las relaciones de las personas entre sí durante siglos), si bien es cierto que su posterior evolución la dotó de ciertas características más propias de los cultos religiosos que de las escuelas filosóficas.

Puesto que las “religiones” más antiguas presentes en China son el confucianismo, el taoísmo y el budismo, es justo tener en cuenta esta pequeña cuestión histórica. Y también la más amplia cuestión de que no existe un único concepto universal que abarque lo que los diferentes pueblos entienden por religión. En relación a nuestro idioma, no se ponen de acuerdo en si el término procede del latín religare o relegere, (“atar fuertemente” o “leer atentamente”). En chino, el término sería 宗教 [zong1jiao4] para lo que entendemos por religión, sin embargo la palabra empleada para referirse a las tres “religiones” tradicionales es [jiao4], que en castellano se traduce por enseñanza.

Lo que quiero decir es que es muy injusto e improductivo imponer nuestra visión de un concepto tan escurridizo como “religión” y juzgar a los demás según nuestro exclusivo entendimiento del mismo. El confucianismo surgió y desarrolló sus aspectos más importantes, e interesantes, como normas sociales, pautas para lograr una sociedad armoniosa. Lo que nos desconcierta, entre otras cosas, es que aún hay templos dedicados al confucianismo, ¿cómo es posible que haya templos si no es una religión? Encontramos hermosos conceptos como [ren2], humanidad, benevolencia, amor al prójimo.

El taoísmo se basaba principalmente en el famoso Dao De Jing y en los escritos de Zhuang Zi, y dado que este debe ser un artículo breve, resumiré su regla de oro en esta frase: vive y deja vivir. Actualmente la práctica del taoísmo es completamente religiosa, con un alto grado de superstición. Y ya sabemos de dónde viene el budismo. Las tres enseñanzas convivieron durante muchos siglos, dominando en ocasiones una sobre las otras (dinastía Tang, dinastía Song), pero siempre estuvieron presentes en la vida pública y privada del pueblo chino. En los entierros, en las bodas y en los nacimientos. Todas ellas junto con la llamada “religión tradicional o popular”: el culto a los antepasados y a la naturaleza, siempre a grandes rasgos. Ésta última junto con el confucianismo son las que más debates provocan entre los académicos, afanados en la tarea de definir los límites del concepto de “religión”.

La dictadura maoísta prohibió toda manifestación y culto religioso, por motivos obvios. Nada puede interponerse entre el Partido y la comunidad. Las “religiones” fueron duramente perseguidas durante la Revolución Cultural, todas ellas, no sólo el budismo tibetano. Pero Mao murió hace tiempo, y el maoísmo con el, y la actual República Popular de China cuenta con una Constitución desde 1982 en la que se establece, en su artículo 36, que los ciudadanos chinos disfrutan de completa libertad religiosa y que ninguna institución puede obligar a nadie a creer o dejar de creer en cualquier religión. Por experiencia sabemos que lo que se promulga en las constituciones no tiene por qué convertirse en realidad, y esto es especialmente cierto en lo referente a la Constitución china, pero valga el ejemplo para llamar la atención sobre la política oficial del gobierno acerca del tema.

Los seguidores del Falun Gong y los católicos romanos seguro que discrepan bastante sobre la correcta aplicación del artículo 36, pero de nuevo, obviamente, no esperemos que un gobierno que no deja de ser autoritario permita cultos religiosos que amenacen su agenda nacionalista.

Después de este recorrido por la historia, que espero no se os haya hecho muy pesado, ¿qué sucede en la actualidad? Sucede que según las encuestas aproximadamente el treinta por ciento de la población adulta se considera religiosa (eso suma unos cuatrocientos millones de personas que no son ateos). Aún queda un buen porcentaje de personas que no se consideran religiosas (lo cual, permitidme que lo señale aunque parezca evidente, no significa que sean ateos). Vivir en este país no es muy buen ejemplo acerca de este tema, porque seguro que aquí los resultados de la encuesta mostrarían muchas más personas religiosas de lo que parece. En España ser católico es una cuestión de herencia, no de religión. Que todos nos echemos a la calle como posesos a comprar en Navidad no significa que seamos religiosos, ni que disfrutemos de las vacaciones de Semana Santa para recordar el sufrimiento de Jesús, si no para darnos el primer baño de la temporada playera. De igual manera, millones de chinos que no se consideran religiosos acudirán sin dudarlo a encender tres barritas de incienso al templo más cercano antes de echar la lotería, comprar un coche, realizar una entrevista de trabajo o presentarse a un examen.

No dejemos que nuestra visión heredada del mundo empañe la pequeña ventana que tenemos para mirar alrededor. Bastante pequeña es la ventana de por sí.

Termino llamando la atención sobre un pequeño pero extendidísimo mito que tienen los chinos hacia los occidentales. Pronto traduciré estas líneas al chino, de lo contrario me temo que a pocos podré llegar, pero mientras, para aquellos que podáis leer el castellano; que los occidentales están todos gordos es un mito facilón. Vale que no tenemos una dieta basada en las verduras y el arroz, vale que no nos gusta matarnos a trabajar, pero NO estamos todos gordos. ¡Si acaso los norteamericanos!

Posdata:
Para los que deseen profundizar un poco acerca de las religiones en China este enlace puede ser útil. Husmeando por ahí, encontré un par de noticias interesantes; de la atea china y los baptitas norteamericanos.

Laura Domingo Vera, Rojo Asia.

1 comentario:

Dani Delgado dijo...

Gracias por limpiar el vaho que empañaba nuevamente los cristales de mi ventana ¡Qué lata! ¿Cuándo dejaré de respirar?