lunes, 25 de agosto de 2008

Niños deportistas en Beijing 2008

Cuando Beijing fue elegida hace siete años como sede olímpica de 2008, para China y su Gobierno fue algo más que una mera elección para que en su país se celebrara una competición deportiva. Esta elección fue la primera de una serie de batallas que habría que ganar para demostrar al mundo que su sistema funciona, que su sistema puede llegar a construir maravillas arquitectónicas como el Nido y el Cubo en tiempo record y con una precisión milimétrica, y que pueden asombrar al mundo con las ceremonias de apertura y clausura más espectaculares jamás vista y que gracias a su sistema son capaces de ganar más medallas de las que nunca habían ganado; superando en el medallero a sus eternos rivales como Estados Unidos y Japón. El Gobierno chino quiere utilizar todos estos logros para demostrar su superioridad ante los demás países y para poder seguir exaltando el nacionalismo chino dentro de su propio país, acallando así voces disidentes como las de Tibet y Xinjiang, entre otras.

Para ganar todas estas batallas hacen falta soldados y héroes y esta vez los héroes no son las hordas de campesinos que protagonizaron la Larga Marcha, ni los jóvenes miembros de la Guardia Roja que pretendían defender con firmeza los principios del comunismo, esta vez los protagonistas de estas batallas son los deportistas que participan en las competiciones olímpicas.Ha sido interesante ver estos días la televisión china CCTV y ver el tratamiento que se ha dado a las noticias sobre las Olimpiadas. No sólo se han mostrado las victorias de los deportistas chinos sino también las celebraciones en sus pueblos o ciudades en los que se entrevistaba a sus familiares y a las autoridades locales del Partido. Todos ellos, familiares, vecinos y autoridades hablaban de los deportistas como “héroes”. Se pudo ver al padre de la nadadora Liu Zige (medalla de oro de los 200 metros mariposa) decir: “mi hija ha honrado a su país”, y contar como había entrenado sin descanso desde los 5 años.



Han destacado entre todos estos nuevos héroes nacionales el jovencísimo batallón de los componentes de los equipos de gimnasia masculina y femenina que han ganado para su país las medallas de oro por equipos. Yinlin Yang, 1.50 metros de estatura y 35 kilos de peso; Fei Cheng, 1.52 y 43; Yuyang Jiang, 1.43 y 30; Linlin Deng, 1.37 y 31; Kexin He, 1.42 y 33, y Shanshan Li, 1.45 y 36 son las gimnastas que han llenado a China de orgullo al lograr vencer al equipo estadounidense, alzándose con la medalla de oro. Sabemos de ellas su estatura y sus pesos oficiales; sobre su edad hay dudas ya que parece que algunas de ellas no habrán cumplido aún los 16 años de edad al final de 2008 como exige el Comité Olímpico Internacional aunque sus pasaportes aseguren lo contrario.

¿Vale todo? ¿Vale cualquier cosa para alcanzar la victoria? Son demasiado jóvenes y además han sido sometidos desde los tres años a un proceso de selección increíblemente exigente, seguido de largos años de entrenamiento peligroso para el buen desarrollo físico y psicológico de cualquier niño de esa edad. Estas niñas, al igual que sus compañeros del equipo masculino y los demás jóvenes deportistas de otras disciplinas, han sufrido entrenamientos de hasta 8 horas diarias, 6 días a la semana, desde los 5 años de edad; entrenamientos demasiado exigentes incluso para personas adultas. Aunque el COI ha fijado como edad mínima para participar en las Olimpiadas los 16 años no hay nada regulado sobre los entrenamientos a los que se pueda someter a los atletas.

La ONG Save the Children ha publicado recientemente un informe llamado Niños en Competición en el que habla de los abusos de los que son víctimas los pequeños deportistas que se ven sometidos a condiciones de entrenamiento extremas y abusivas para sus edades. En el informe se afirma que “alrededor del 10 % de los niños que practican deporte de alta competición son víctimas de algún tipo de violación de sus derechos fundamentales”. El informe habla de los “durísimos métodos de entrenamientos empleados en China” aunque es un estudio a nivel mundial. En China el Gobierno Central y el Partido buscan héroes y orgullo para su país. Los poderes locales siguen las directivas nacionales y apoyan esa búsqueda y promoción de héroes deportivos locales; y las familias entregan a sus hijos a esta causa, bien en pos de un sueño, de lograr alcanzar una medalla olímpica o simplemente como una esperanza para poder salir de la miseria.



Pero ¿quién cuida a esos niños? Si para las autoridades y para sus entrenadores lo único importante es alcanzar el triunfo, y si las familias están de acuerdo con ellos o simplemente delegan en otros, por ambición o ignorancia, la formación de sus hijos. ¿Quién cuida a esos niños?

En China hay seis millones de atletas, muchos de ellos menores de 16 años, de todos ellos muy pocos alcanzarán la gloria y muchos quedarán por el camino sin haber logrado su sueño pero habiendo pasado por un durísimo período de entrenamiento que dejará en sus cuerpos y en sus mentes una huella imborrable de dolor.

Eloísa García Laynez, Rojo Asia.